FERNANDO COUSO GARCIA

– Graduado en Criminología por la Universidad del País Vasco. UPV-EHU.

– Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales.

ZURIÑE GONZALEZ SANCHEZ

– Graduada en Criminología por la Universidad del País Vasco. UPV-EHU.

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Ni truco, ni trato

Fernando Couso García

 

Mañana se celebra el recordatorio anual a las personas que han fallecido, con diferente connotación que depende de la religión o celebración sociofamiliar que cada cual desee darle.

A nivel lúdico destaca la fiesta de Halloween o Hallowe’en (una contracción de “All Hallows ‘evening”). Esta tradición, con diferentes teorías respecto a su nacimiento (desde los antiguos festivales paganos celtas en la celebración de una buena cosecha hasta los festejos que reclamaban la resurrección de los muertos) es considerada en Europa “una americanada más”, y otra excusa para disfrutar de una noche de fiesta.

Pero este año la pandemia del COVID 19 (causada por el virus SARS-CoV-2) nos ha dado calabazas y las circunstancias sociosanitarias nos indican que no hay nada que celebrar. Los datos acerca de la evolución de la pandemia han repuntado hasta registrar ayer jueves las peores cifras desde el inicio de la misma, con 25.595 nuevos contagiados, lo que eleva la cifra total a 1.160.083 contagiados y 35.639 personas fallecidas desde el inicio de la pandemia. Y la curva epidemiológica de contagios continua en línea ascendente.

Con estos datos en la mano, quiero destacar dos actitudes que reflejan la estupidez supina del ser humano. Los “negacionistas” y los “covidfiesteros”.

Tener el cerebro carcomido por los insectos de la ignorancia es una desgracia, pero contagiar, o poner en riesgo, a los demás por tu estupidez es de desgraciados, por lo que considero que debe ser tipificado de urgencia como delito y castigado con toda la dureza posible. Hay que ser muy cafre para negar la gravedad del COVID 19, negar que mata, que deja crueles secuelas y que tiene una velocidad de transmisión que nos obliga a adoptar cuantas medidas preventivas nos sea posible. Justificar la ignorancia me supondría mucho tiempo, y el que tengo no deseo desperdiciarlo en ese sinsentido.

Pero de quien quiero hablar en este post es de los “covidfiesteros”, porque es un nuevo fenómeno que promete dar crueles espectáculos en los próximos meses. “El coronavirus no me va a quitar mi derecho a las fiestas y a disfrutar de la vida”, es el mensaje que más se repite entre este colectivo.

Como las fiestas y encuentros al aire libre no pueden ocultarse, la picaresca (cruel y triste picaresca) ha provocado que cualquier espacio cerrado sirva de punto de encuentro y disfrute de este colectivo, lo que ha convertido estos lugares en los escenarios del grueso de los rebrotes. Y como en este país, por desgracia, somos expertos en picaresca y excusas para todo, cualquier motivo vale para que continúe la fiesta.

¿Pero qué ocurre cuando la mayoría de la sociedad, a través de la intervención policial, reprende estas actitudes y comportamientos?, pues nada, salimos a la calle y a pedrada limpia demostramos nuestro descontento a la vez que exigimos hacer valer nuestros derechos.

Barcelona, Burgos, Santander, … Las imágenes de los disturbios que anticipan otro fin de semana de violencia y vandalismo amenazan con convertir la ficticia noche de los muertos en un escenario real.

Neuronas, pocas. Luces, todas apagadas. Gracias a Dios, hablamos de un escaso grupo de macacos y la tendencia general se caracteriza por el respeto a unas directrices que pueden no ser las más eficaces, pero no pongo en duda de que están dictadas para nuestra protección y seguridad.

Si tenemos un poco de respeto por el prójimo debemos actuar con la responsabilidad que la situación requiere. No está el país para ir recogiendo caramelos y en esta pandemia no se admiten ni trucos, ni tratos.

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