FERNANDO COUSO GARCIA

– Graduado en Criminología por la Universidad del País Vasco. UPV-EHU.

– Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales.

ZURIÑE GONZALEZ SANCHEZ

– Graduada en Criminología por la Universidad del País Vasco. UPV-EHU.

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La violencia: un arma letal

Zuriñe González Sánchez

 

Esta semana hemos asistido al esperpéntico asalto al Capitolio (sede de la soberanía popular de EEUU). Un fatídico acontecimiento que se ha cobrado 5 vidas hasta el día de hoy (8 de enero de 2021) y decenas de heridos.

Quiero aclarar, en primer lugar, que no voy a hacer un análisis político ni ideológico, pero sí que voy a lanzar una reflexión sobre el uso de la violencia para imponer ideales, incluso el porqué de esa imposición.

Una vez más, un trágico suceso ha tenido que ser el responsable de que nos paremos a pensar a dónde somos capaces de llegar con tal de conseguir que nuestras creencias sean las únicas y sean las que tengan que vencer; siendo capaces de llevarlas al extremo.

Ahora ha ocurrido en EEUU y nos echamos las manos a la cabeza, pero por desgracia no hace falta irnos hasta allí para ver que la violencia además de traer tragedia, solo deja dolor y malestar.

En una era en la que hablamos de inclusión, de pluralidad, de igualdad y de una sociedad multicultural, no deberían ocurrir estos hechos, salvo que en el fondo esta pluralidad no sea aceptada y cada uno imponga sus creencias, valores y cultura a la fuerza si cabe. Debemos confrontar nuestra realidad con la realidad objetiva y darnos cuenta de que somos diferentes y, por tanto, la pluralidad existe.

Muchas veces se nos llena la boca hablando de los valores que cada uno/a de nosotros/as tiene (respeto, inclusión, igualdad…) y, sin embargo, luego somos los/as primeros/as en criticar todo aquello que no coincide con nuestra realidad construida. Parece algo sencillo cuando se escribe o se dice, pero no debe ser así cuando día sí y día también en distintos países de todo el mundo (incluida España) escuchamos o vemos que ha habido enfrentamientos, heridos y muertos porque unas personas con ideologías y creencias distintas han dicho que lo de la otra parte no se puede aceptar, que debe imponerse lo suyo.

Es tal al extremo que se llega en ocasiones que se pierde todo el raciocinio y nos volvemos animales salvajes que parece ser que la única herramienta que conocemos es la fuerza bruta. ¿Dónde quedó eso de mis derechos y libertad acaban donde empiezan los de la otra persona? ¿Podemos decidir si sus valores, creencias, ideología, cultura… es mejor que la nuestra o no? Podremos estar más o menos de acuerdo porque coincidamos o no en la visión de la otra persona, pero en ningún caso se pueden imponer ideales menospreciando los de la otra parte, y menos aún mediante el uso de la violencia.

¿Alguien se imagina usando la violencia en casa para imponerle al de al lado que vote a x partido político? Habrá casos por desgracia, pero a que ¿nadie ve aceptable usar la violencia para elegir el/la delegado/a de una clase en un colegio? ¿O el portavoz de un grupo de amigos para x evento?

Son ejemplos en los que sí se respetaría el voto de la mayoría. Bien, pues en algunos temas, (la política en el caso de esta semana), se establece lo que ha votado una mayoría y eso no solo no se respeta, sino que se utiliza la violencia para apartarlo del medio e imponer la elección propia, que debe ser la única “buena”.

Utilicemos las herramientas sociales que tenemos para dialogar, debatir e intercambiar opiniones, pero siempre desde el respeto y la inclusión, y nunca imponiendo mediante el uso de la violencia, la histórica arma letal.

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