FERNANDO COUSO GARCIA

– Graduado en Criminología por la Universidad del País Vasco. UPV-EHU.

– Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales.

ZURIÑE GONZALEZ SANCHEZ

– Graduada en Criminología por la Universidad del País Vasco. UPV-EHU.

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¿Dónde quedó el respeto?

Zuriñe González Sánchez

 

En estas últimas semanas ha sido noticia una tragedia en el ámbito escolar. Concretamente ha sucedido en Asturias donde un profesor ha terminado quitándose la vida a causa del “acoso y derribo” sufrido por parte de sus alumnos, tanto en las clases presenciales como online. Llegó a estar de baja, pero en marzo, ante el cambio a la docencia online a causa de la pandemia del Covid-19, decidió darles una nueva oportunidad creyendo que la situación sería más tranquila. Sin embargo, el acoso previamente sufrido se convirtió en ciberacoso y finalmente, superado por la presión y por la mala situación, se suicidó a finales de curso.

Por desgracia, no es el primer ni último caso que conoceremos, ya que desde que se puso en marcha en 2005 el Defensor del Profesor1 se han atendido 38.485 casos.

En la última memoria estatal2 publicada por este servicio, se hace un análisis exhaustivo de las distintas problemáticas que surgen con respecto al profesor, cogiendo como referencia lo acontecido en los dos últimos cursos (2018/2019 y 2019/2020, 2174 y 1594 actuaciones respectivamente)3. En el mismo se detecta que la mayoría de las intervenciones las realizan entre primaria y secundaria (84%) y los problemas que destacan relacionados con el alumnado son los siguientes: faltas de respeto (22%-23%), problemas para dar clase (21%), acoso por parte del alumnado al profesorado y ciberacoso mediante TICs (11%) y, por último, amenazas por parte de los alumnos (11%).

Por si no resultara suficiente, también se generan problemas con las familias del alumnado, ya que se han detectado los siguientes problemas por parte de la familia hacia el profesorado: acoso de padres y madres (29%), falta de respeto de padres y madres (25%-27%), acusaciones carentes de fundamento (26%-27%) y denuncias de padres y madres (17%-21%).

Como se puede ver en los datos, es una realidad que para muchos profesores y profesoras es cotidiano, llegando incluso a ser “lo normal” tener que lidiar con estas actitudes por parte del alumnado y también de las familias todos los días.

Afortunadamente no todos los casos terminan en tragedia, pero al igual que no aceptamos el acoso laboral de empleados/as, jefes/as o clientes/as, tampoco debería aceptarse o ignorar el acoso al profesorado en el ámbito escolar. Las justificaciones o, mejor dicho, excusas de “es que son niños/as”, “es solo un juego” o “son comentarios sin importancia”, no me valen.

Una vez más vemos cómo se le falta al respeto a otra persona y ni siquiera voy a entrar a hablar de niños/as, porque si tan mayores son que pueden ponerse de igual a igual, entonces de la misma manera serán tratados.

Es hora de poner a cada persona en su lugar y, al igual que en el trabajo se deben cumplir las indicaciones de los responsables laborales, en el ámbito escolar el alumnado tendrá que hacer lo que el profesorado indique porque en ese momento son los que ostentan la autoridad. No entiendo por qué en el ámbito laboral parece tan evidente y, sin embargo, en el escolar nos olvidamos de que el profesorado está compuesto por personas que van allí a trabajar y a enseñar a sus alumnos/as la materia del día.

¿Por el hecho de que están allí con personas jóvenes tienen que aguantar todo? Eso es lo que la situación actual está demostrando, incluso habiendo padres y madres que apoyan, al punto de promover que sus hijos/as “se rebelen”. Siempre con algún motivo, claro está, pero motivos que ponen en tela de juicio día tras día lo que hacen o dejan de hacer. ¿Por qué? Son sus hijos/as sí, pero no sus profesores/as, esa tarea les corresponde a esas otras personas que se han formado para ello y que buscan enseñar. Pero, claro, ¿qué les vamos a pedir a esos padres y madres que no ven más allá de su ego? Sin importar siquiera si realmente esas actitudes favorecen o no a esos/as hijos/as que tanto pretenden proteger (yo diría que no).

¿Dónde quedó el respeto hacia estas personas que como profesión ejercen la docencia?

 

Bibliografía

1 “El Defensor del Profesor es un servicio de ámbito nacional, que ANPE pone a disposición de todos los docentes que necesiten ayuda ante cualquier tipo de acoso e intimidación en las aulas, ya sea por situaciones relacionadas con los padres, los alumnos, la administración educativa o los propios compañeros.” Memoria Estatal 2019/2020, Defensor del Profesor.

2 https://documentos.anpe.es/defensor/Informe_defensor_2019_2020.pdf

3 La diferencia en el número de actuaciones se debe a la pandemia del Covid-19 que ha imposibilitado intervenir durante el confinamiento domiciliario del tercer trimestre del curso escolar.